Verbomanía

Hay poco que entender

Por Pablo Orlando - Jueves, 10 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 09:03h.

Esta noche hay estrellas y, sin embargo, la gente llora, mientras algunas risas son como nubes cargadas de rabia y desconsuelo.

Esta noche, al bajar la basura, me ha parecido ver el fantasma de Edgar Allan Poe cuando un gato blanco hurgaba junto a los restos del contenedor, y después se perdía asustadizo y hambriento entre la niebla.

Los predicadores hablan de conceptos abiertos que solo se pueden comprender desde la abstracción: luz, paz, esperanza. Y qué sé yo de todo eso. Poco o casi nada. Nos pasamos la vida guerreando contra nosotros mismos.

Mayo se abre como una naranja y las mujeres se zambullen en el agua ante la mirada boquiabierta de los hombres que un día tuvieron que abandonar sus hogares.

Todo es tan real, tan aparente como el paciente que carga su revólver con la última bala y gira el tambor para reventarse los sesos y reunirse con su último alivio.

Yo también me asusto y huyo atemorizado;corro veloz y esquivo como ese gato que acaba de perderse entre la niebla, y termino cayendo en un pozo donde duermen las golondrinas que mañana alegrarán el amanecer que otros ya nunca podrán contemplar.

La incógnita es el caos, la amenaza: el cobarde es el único que levanta la mano y asiente;pero solo hay una acción que merece la pena: tesón, yedra soleada (en el barrio todos la llamábamos voluntad, sin conocer su verdadero significado).

Hay poco o nada que entender si uno no es capaz de interiorizar los sueños que se sueñan cuando uno está despierto.

El rayo que no cesa (ya lo dijo el poeta de Orihuela). Seguir caminando para hallarse. Encontrar la voz. El yo oculto que nace adentro.

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