Ismael Serrano cantautor

“¿Qué cantautor de hoy en día le da una dimensión poética a lo cotidiano? Solo cantan la enésima canción de amor”

Ismael Serrano publicó su primer álbum ‘Atrapados en azul’ en 1997. Mañana actuará en el Kursaal de Donostia y el sábado en el Euskalduna de Bilbao para presentar su disco ‘20 años. Hoy es siempre’ en el que repasa sus dos décadas de carrera musical

Una entrevista de Harri Fernández - Jueves, 10 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

donostia - Ha cumplido 20 años desde su primer disco. ¿Qué ve cuando echa la mirada atrás?

-Que soy un tipo con suerte, un tipo afortunado. He tenido la posibilidad de dedicarme a la música y de recorrer gran parte de Latinoamérica con la guitarra al hombro. He tenido la oportunidad de cantar con mis referentes, con Silvio, con Aute, con Serrat, Sabina, Mercedes Sosa… Soy afortunado y quizá por eso he grabado un disco en directo, para celebrar todo lo que ha pasado.

A mediados de los 90, cuando recorría el circuito de locales madrileños junto con otros exponentes de la nueva oleada de cantautores, ¿pensaba que iba a llegar hasta donde está ahora?

-Era un sueño lejano. Yo no tenía la certeza de que se pudiera cumplir. Siempre he sido muy consciente de la precariedad de este trabajo. La continuidad es algo muy difícil de conseguir. Siempre uno sueña con la posibilidad de crecer, de seguir dedicándose a esto. Difícilmente podía pensar que tantas cosas iban a pasar.

Dos décadas después esa precariedad se mantiene.

-Quizá ha cambiado, pero no a mejor. Todo es tratado como objeto de consumo de usar y tirar y quizás ahora de forma más nítida. Sí ha cambiado, por ejemplo, que las radios musicales convencionales son cada vez más herméticas a las novedades. También han aparecido nuevas plataformas digitales que permiten la difusión en Internet, el caudal de música es tan grande que discriminar lo que verdaderamente interesa de lo que no es difícil. El ruido podría ser tal vez mayor.

El Día de la Madre tuvo un recuerdo para la suya en Twitter: “Ella me regaló mi primera guitarra. Ella me llevaba puntualmente a mis clases en la academia de música. Ella cuidó mis alas, aunque, a menudo, hubiera preferido que no volara tan alto. Ella me enseñó a recordar quién soy y de dónde vengo”. ¿Hubiese llegado hasta donde ha llegado sin su madre?

-No. En términos generales el contexto familiar para mí ha sido determinante. Yo crecí escuchando a los cantautores que sonaban en el tocadiscos de mi casa. Fue mi madre la que me apoyó desde el principio, si bien cuando abandoné la carrera me dio un toque de atención. Me dijo que a ver por qué no la terminaba y luego continuaba con la música. La familia ha sido determinante en la conciencia política que uno pueda tener, en recordar quién soy, de dónde vengo y tener los pies en la tierra. Mi familia ha sido esa toma de tierra para no cortocircuitarme.

No hizo caso a su madre y abandonó la carrera. ¿No fue un salto al vacío?

-Sí lo fue. De hecho, cuando edité Atrapados en azul yo seguía yendo a clase. Estaba estudiando Ciencias Físicas en la Universidad Complutense de Madrid y me acababa de matricular en la especialidad de Astrofísica. Se abrió la posibilidad de tomar el camino de la música y no lo dudé.

Hablando de padres, también se han cumplido 20 años de ese ya icono de la música que es ‘Papa, cuéntame otra vez’, incluido en su ‘Atrapados en azul’. Ahora es usted el padre, ¿qué es lo que le contará a su hija sobre su generación?

-Ese es el misterio: ¿Qué seremos capaces de contar? No hemos articulado un relato propio como generación. A nivel personal puedo decir que cuando menos lo intenté, que traté de cambiar las cosas para que ella pudiera vivir en un mundo mejor y que resistí al retroceso de derechos y libertades que nos toca vivir ahora. A nivel personal uno puede decir muchas cosas, pero no sé hasta qué punto como generación hemos sido capaces de crear un relato propio. Ese es el reto fundamental. Yo creo que sí hay una generación más joven que lo está haciendo, creando su propio discurso mientras se miran unos a otros, tratando de reconocerse como colectivo y poniendo en común cuáles son las inquietudes, planteando más preguntas que respuestas.

En ‘Ahora que te encuentro’ dice que hay cosas, como “te quiero”, que se pueden decir en “140 letras”. ¿Ese relato se puede construir a base de tuits?

-(Ríe) No, se van a necesitar más. La gracia en un relato me gusta pensar que está en el matiz y 140 caracteres no dan para muchos matices.

Ha solido comentar que ‘Papá, cuéntame otra vez’ es un reproche hacia la generación de sus padres. Recriminar algo a los mayores es algo que les ocurre a todos los jóvenes.

-Probablemente mi hija me reproche algo a mí también. Es ley de vida y es necesario que los hijos cuestionen a sus padres, que les exijan rendir cuentas por el legado que les van a dejar. La mejor manera de prepararse ante eso es no plantear un discurso muy autocomplaciente. Compartir con ellos el nivel de exigencia y la mirada crítica es la mejor forma de enfrentarse a ese reproche y reconocer los errores y las deudas.

Mañana presentará en Donostia y pasado en Bilbao un repaso a toda su carrera. Incluye canciones de terceros, temas inéditos y también versiones sobre sus propias composiciones. ¿Son 20 años suficientes para mirar desde otra perspectiva el trabajo de uno?

-Se necesita la perspectiva del tiempo para tener el suficiente bagaje y aprendizaje para ganar en grados de libertad y para tener claro el camino que uno quiere seguir. Cuando empecé tenía claro por dónde no quería ir pero no el camino que quería seguir. Entendía la industria musical como un territorio hostil y grabar discos era un ejercicio de resistencia. Te vuelves hermético y poco permeable. Eso no es sano. Creo que es una reacción natural, porque en muchos aspectos es un territorio hostil en el que hay injerencias de elementos externos que quieren decirte cómo tienes que hacer las cosas, pero también pagan justos por pecadores y creo que es bueno ser permeable y estar atento.

Además de cantautor, ha publicado poesía e incluso un libro infantil. ¿En qué faceta se encuentra más cómodo?

-En la de músico. Lo de escribir es un reto muy bonito. Es verdad que el verso en el poema surge de manera más natural y sencilla porque no cuenta de la rigidez de las estructuras métricas de una canción y de las rimas. Yo creo en la rima en la canción, otros no, pero a mí me cuesta. La rima es musicalidad. Cuando escribo poemas fluyo de una manera más natural, aunque han de tener su propio ritmo.

En sus conciertos también suele contar historias como ‘La dulce Carola’ o ‘Penélope en Peumayen’. ¿Ha pensado en publicarlas?

-Sí lo he pensado. Lo tengo pendiente. Estoy trabajando en un proyecto para escribir pequeñas historias. En anteriores giras ha habido algunas que han quedado perdidas en el limbo. Hubiera molado ponerlas en papel, más que nada para que no se pierdan.

¿En estas dos décadas ha habido algún momento en el que lo haya querido dejar?

-He tenido mis momentos de crisis, sobre todo, al comienzo, en torno a mi segundo o tercer disco. No era tanto un planteamiento de dejarlo como una reflexión sobre por qué hacía lo que hacía. ¿Me subía al escenario porque me gustaba o porque la maquinaria me exigía que me subiese? Al final, cada uno encuentra en la música su terapia, empiezas a componer, a resituarte… Tiene que ver también con una búsqueda. Es un viaje interior, trasciende lo musical. Es la búsqueda de tu lugar en el mundo. En ese sentido, alguna vez me he llevado mal con mi oficio pero es algo que el tiempo ha curado.

¿Ha encontrado ese lugar en el mundo?

-No. Te das cuenta que es como el poema de Kavafis, Viaje a Ítaca, lo importante no es Ítaca, es el viaje. Hay que entender que uno está en permanente viaje y que este le traerá buenos y malos momentos y tratar de acomodarse, relativizar los éxitos y los fracasos. Estamos en eso, intentando entender que esto es como montar en bicicleta, uno no puede dejar de pedalear, porque si no la bici se cae.

¿Dónde se encuentra más cómodo, cantándole al amor o al desamor, o en la crítica social?

-Forma parte del mismo proceso emocional. Yo le canto a lo que me emociona. Hay veces que me emocionan mis fracasos o desencuentros sentimentales y otras veces también me emocionan los fracasos y desencuentros colectivos. A veces es él quien le canta a ella, y otras veces es él quien le canta al nosotros. Cuando uno le canta a ese nosotros, también lo hace desde la intimidad y desde el sentimiento.

Se lo pregunto porque la realidad social actual parece peor que la de hace 20 años.

-Hay cosas que hace 20 años me parecerían impensables. Sentencias que se están dictando en torno a la libertad de expresión eran impensable. Ni que decir tiene la precarización del ámbito laboral de toda una generación. El sábado vimos a la secretaria de Estado de Comunicación diciendo: Dan ganas de hacerles un corte de mangas y que se jodan ante una manifestación de pensionistas que reclaman los derechos de todos. Con esa sensación viven, con la sensación de que están haciendo un corte de mangas permanente, porque se creen impunes, aunque quiero pensar que no lo son. Quiero pensar que este retroceso de libertades y estos excesos que vivimos no van a quedar impunes. El ascensor social no solo se ha detenido, sino que está bajando.

¿Y qué se puede hacer?

-Asumir el protagonismo que nos corresponde, votando en conciencia y participando en democracia, que no es solo depositar un voto, sino participar activamente a través de los canales que te permite el sistema: desde el fanzine de tu instituto, pasando por participar en la asociación de vecinos de tu barrio o en ONG, hasta sindicarte.

¿Se puede ser cantautor sin estar socialmente comprometido?

-Me cuesta entenderlo. Somos hijos del hiperindividualismo, nos miramos en el ombligo. Hemos abandonado esa mirada hacia el nosotros de la que te hablaba antes. Me cuesta entender que no te sientas interpelado o no te emocione la noticia de un periódico y te haga agarrar la guitarra y componer, sobre todo, si has crecido en esa tradición. Sobre todo, si has bebido de Serrat, de Silvio... Ni siquiera se trata del compromiso político específico y partidista, se trata de la canción social. El otro día en un restaurante pusieron el disco Mediterráneo de Serrat y sonaba Pueblo Blanco. ¡Joder, quién escribe esas canciones a día de hoy! ¿Quién le canta a esas realidades, a eso que ocurre en el Estado? ¿Quién le da a lo cotidiano esa dimensión poética, más allá de cantar la enésima historia de amor y desamor? Es la misma canción y la misma historia una y otra vez. Solo pocas como Rozalén cuentan, a través de su historia personal, algo sobre el colectivo. Eso es lo interesante, a través de experiencias personales ser capaz de trascender la propia y historia y hablar del propio colectivo. Yo creo que eso se está perdiendo o no encuentro quién lo hace.

La responsabilidad social de los artistas es muy grande.

-Somos cronistas de la realidad social y sentimental del tiempo que nos toca vivir. Si viene un extraterrestre y me preguntase: ¿En España qué pasó entre los 60 y los 90? Le daría la discografía de Joan Manuel Serrat o la de Joaquín Sabina. Si me pidiese que le reflejase lo que pasó a partir de los 90, ¿qué cojones de música le pondrías para que lo entendiera? Solo oiría a sujetos que lo único que hacen es enamorarse y llorar en un ciclo sin fin.

Después de estos 20 años de carrera, ¿qué opina de la frase “quien a los 20 no es de izquierdas no tiene corazón y quien a los 40 no es de derechas no tiene cabeza?”.

-Probablemente es una frase que escribió alguien de derechas para tranquilizar su conciencia.