Estudiantes de diploma y medalla

Andoni Azurmendi y Alfonso de Juana, con las medallas de bronce del Campeonato Universitario de España.

Alfonso de Juana y Andoni Azurmendi compaginan la carrera de ingeniería mecánica con los campeonatos de bádminton. Una combinación que, afirman, tiene grandes beneficios.

Un reportaje de Alex Zubiria. Fotografía Ruben Plaza - Miércoles, 9 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Obtener la carrera de ingeniería mecánica no es nada sencillo. Ser deportista de alto rendimiento lleva consigo numerosos sacrificios. Una combinación de ambas parece a priori imposible, pero forma parte del día a día de los donostiarras Alfonso de Juana y Andoni Azurmendi.

Los dos jóvenes de 22 años dan sus últimos pasos en Tecnun, a la par que compiten y ganan medallas en bádminton, como la que consiguieron hace unas semanas en el Campeonato Universitario de España.

“Estamos acostumbrados a compaginar el deporte con las clases. Son doce años ya así”, asegura Azurmendi, al tiempo que explica que los dos, juntos en el colegio desde los cinco años, se iniciaron en el bádminton en sexto de Primaria. “Hay gente que estudia mucho y no consigue aprobar. Nosotros, en cambio, sacamos lo máximo posible a una hora de estudio”, afirma su compañero.

La agenda de los dos chavales de lunes a jueves echa humo. Por la mañana, acuden a la universidad, bien a las clases, bien a preparar su Trabajo de Fin de Grado, y por las tardes, entrenan tres horas diarias. Los sábados es el día de competición, aunque ambos ya han dado por terminada la temporada. “Al final, la disciplina del deporte te viene muy bien para poder organizarte. Si te comprometes a entrenar, buscas cualquier forma para hacerlo”, cuenta Azurmendi.

Los dos han recorrido durante años el Estado de campeonato en campeonato, e incluso han participado con la selección de Euskadi. Su último trofeo hasta la fecha es la medalla de bronce que consiguieron a primeros de abril en el Campeonato Universitario de España.

Ambos están acostumbrados a competir, por lo tanto, ¿da más miedo enfrentarse a un examen de la universidad que a un partido? “En los momentos previos a un partido estoy más nervioso que en los de un examen. El peor momento de todos es, sin duda, el de antes del primer partido de una competición. Ahí te da por pensar que como pierdas, te vas a casa a la primera...”, responde de Juana.

Su compañero, en cambio, ve los partidos como un beneficio para encarar la carrera universitaria. “Estar acostumbrado a los partidos hace que consigas estar algo más calmado en un examen. Pero claro, todo depende de qué examen y de qué campeonato se trate”, explica.

“Vivir del bádminton es imposible”

El bádminton es un deporte casi desconocido para la mayoría de los guipuzcoanos, más aún en una época pre-Carolina Marín como la que era en el momento en el que los dos jóvenes decidieron apuntarse.

“Entonces no lo conocía nadie. Te encontrabas a las mismas personas en todos los torneos”, indican, añadiendo que su vinculación al bádminton comenzó en el colegio. “Teníamos un profesor de educación física al que le gustaba mucho y entre las opciones de extraescolares, aparte de fútbol y baloncesto, nos daba la del bádminton. Nos apuntamos y, poco a poco con los años, fuimos subiendo de nivel hasta hoy”, rememoran.

Ambos son conscientes de lo difícil que es vivir solo de este deporte, por lo que, entre otros motivos, se decidieron a estudiar ingeniería mecánica. “Vivir del bádminton es imposible, a no ser que seas un top ten y te dediques exclusivamente a ello”, cuenta Azurmendi.

Para conseguirlo es necesario salir de Euskadi y formar parte de un centro de alto rendimiento de Madrid o de Andalucía, donde sí existe una mayor afición y varios clubes de competición.

“Para nosotros ahora mismo es más un hobby que otra cosa”, añaden, asegurando que el campeonato universitario será el punto final a una temporada que no saben si continuará el próximo año o será sustituida por un máster o un empleo.

No obstante, los dos tienen claro que no puede dejar de lado el deporte, y por ello, continuarán entrenando sus tres horas diarias cuatro días a la semana. “Ese rato haciendo deporte es lo que más me gusta del día. Sirve para despejarme y así no estar tan agobiado con el estudio”, indica Azurmendi.

Su interés por la ingeniería mecánica, confiesan, surgió de “no saber qué hacer en la universidad”. Ambos, aficionados a los números, vieron en este grado una oportunidad factible de empleo en el futuro fuera del deporte, por lo que decidieron dar el paso y continuar juntos los estudios.

En la universidad, sus mentes siguen evadiéndose a su verdadera pasión, descubriendo que hasta la ingeniería mecánica puede conectarse con el bádminton. “Podríamos adaptar las máquinas lanzapelotas de tenis para que hicieran lo mismo con las de bádminton. Así, seguro que mejoramos los entrenamientos”, concluyen.

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