Desatino

Formas y formas de perdonar

La Real, práctica y directa, desperdició incontables oportunidades de gol por una simple cuestión de falta de acierto, sin incurrir en frivolidades

Marco Rodrigo - Domingo, 15 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Donostia - La Real regresó anoche de las Canarias con tres puntos en el zurrón, con un notable balance de siete de nueve con Imanol y también con la sensación de haber desperdiciado una buena oportunidad para reeditar goleada, después del 5-0 obtenido la semana pasada ante el Girona. Pasaban los minutos en el estadio de Gran Canaria y crecía el pavor de los hinchas blanquiazules, temerosos ante la posibilidad de asistir a una película conocida por estos lares. Quien perdona acostumbra a pagarlo. Pero hay formas y formas de hacerlo. La mostrada en el campo de Las Palmas resulta igual de frustrante que todas. Pero se trata de la menos desquiciante. Y es que la escuadra txuri-urdin no pudo ampliar su renta por una simple cuestión de falta de acierto. En ningún caso mediaron frivolidades.

Estas suelen darse de forma habitual en contextos de tanta superioridad como el que se encontró la Real en el partido de ayer. Desde un principio pudo percibirse la sideral distancia futbolística que separa a blanquiazules y amarillos actualmente, y las oportunidades en la meta de Chichizola comenzaron a sucederse. El meta argentino se lució a disparo de Januzaj. Reaccionó a tiempo en un intento lejano de Kevin. Y hubo también intentos de los guipuzcoanos que se marcharon ligeramente desviados. Los de Imanol Alguacil, en cualquier caso, buscaron el gol por una vía directa y mayoritariamente vertical, sin caer en innecesarias exquisiteces. Incluso un muy desacertado Januzaj se dejó de filigranas y trató de poner su clase al servicio del colectivo. Pero, así como la semana pasada ante el Girona entraron casi todas, ayer no era el día.

Ocurrió hasta el punto de que el único gol realista llegó como consecuencia de una de las situaciones de peligro más complicadas de resolver. Illarramendi encontró muy bien a Mikel Oyarzabal tras indicarle este su desmarque en profundidad. Pero el eibartarra se vio obligado a ejecutar una maniobra complicadísima, ya que el servicio le llegó demasiado elevado por cuestión de centímetros. Un a priori sencillo control con el pecho se tuvo que convertir así en una más que meritoria amortiguación del pase con la cabeza. El toque con la testa de Oyarzabal sirvió para orientar el esférico y le permitió encarar a Chichizola en el mano a mano para batirle por bajo. Dos toques y gol.

mezclar el juego La Real dio continuidad en Las Palmas a su comportamiento en el encuentro de la semana pasada en Anoeta. Conocedora de que se medía a un rival con gusto por presionar arriba, intentó iniciar sus jugadas en corto para atraer a futbolistas amarillos. Lo hizo, eso sí, con la idea de cambiar el chip e imprimir otro ritmo a sus acciones en cuanto visualizara la opción de filtrar pases que superaran líneas. Tocando desde atrás logró encontrar con envíos verticales a Canales y Willian José para que estos iniciaran rápidos contragolpes. Así se gestaron muchas de las ocasiones desperdiciadas.

Imanol ha sabido combinar la continuidad de un estilo de juego con la conversión del mismo en un arma más efectiva que anteriormente, introduciéndole los matices de la verticalidad y de una menor asunción de riesgos. Tiene pinta de que el oriotarra ha dado con la tecla. Ahora queda por conocerse si Olabe ha tomado nota, y si el futuro entrenador mantendrá la línea adoptada en estos tres partidos.